Hassan Ashour

El 25 de agosto de 2014, un joven moría asesinado a consecuencia de las fuerzas de represión del ejército israelí. Fuimos testigos de lo sucedido, ya que estábamos realizando prácticas como estudiantes de Medicina en el hospital de Rafidia. Así fue como lo contamos:

Hoy, 25 de agosto de 2014, ha fallecido en el hospital de Rafidia, Nablus, Hassan Ashour, un joven palestino de 14 años que fue disparado, que fue asesinado, en la noche del viernes, en el checkpoint de Beit Furik, situado al este de Nablus, en una manifestación. Durante la misma, los soldados israelíes usaron munición de guerra, aquí y en muchas otras ciudades de Cisjordania incluidas como zonas A según los acuerdos de Oslo, como también sucedió en Hebrón, donde hirieron a 10 jóvenes con armas de fuego.

Hassan fue trasladado con una herida en el abdomen provocada por una bala explosiva, que le dañó la vena porta, la arteria renal derecha, el riñón derecho, el lóbulo hepático derecho y la arteria aorta abdominal provocando tal hemorragia que precisó 13 transfusiones de sangre y 3 operaciones  que duraron 7horas la primera y 4 horas cada una de las siguientes. A pesar de la actuación médica, tras dos días en cuidados intensivos, ha fallecido.

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Hombres portando el cadáver de Hassan Ashour, a la salida del hospital.

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Kunafa agridulce

26 de agosto de 2014.

Doy un último trago de agua al vaso para quitarme el dulzor del kanafer de la boca, nos levantamos de la silla, pagamos los 5 sekels que cuesta este empalagoso manjar y nos sumergimos, de nuevo, en las calles de Nablus.  A pesar de llevar aquí casi dos semanas me sigue sorprendiendo la amabilidad de los conductores cuando, sin que haya ninguna señal que se lo ordene, te dejan cruzar la calle con una sonrisa en sus labios y un pie en el freno; este pequeño gesto, como otros cientos, forman parte del caos ordenado que configura esta ciudad. Sus puestos de fruta ambulante, sus aceras improvisadas, su aliento nocturno de jazmín,  hacen que tu brújula interna confunda el norte con el sur y que no sepas prever con certeza por dónde va a salir el sol al día siguiente, pudiendo sólo centrarte en paladear cada uno de los pasos que das por sus calles.

Como es habitual, de camino al centro juvenil intercambiamos dos o tres bromas con nuestros alter ego palestinos,  K, R , Z ,Y y  G. Cada vez que suelto alguna bravuconada mi cuerpo se mantiene en tensión hasta que veo asomar la carcajada en sus gargantas; en las dos semanas y 1347 chistes que llevamos juntos todavía no ha habido uno sólo que les haya disgustado.

Llegamos al portal y tras pasar el piso donde conviven una tienda de ropa china y un restaurante semi-lujoso, llegamos al centro socio-cultural-juvenil, donde nos recibe en el umbral un Guernica portando banderas palestinas que observan como Gaza se desangra a ojos de toda la humanidad que, enmudecida,  asiste a este horrendo espectáculo.  El ala izquierda del piso, la conforma una sala de reuniones, con dos pequeñas habitaciones, una de las cuales guarda un piano de cola desafinado del que sólo puede sacarse, y a regañadientes, un triste cumpleaños feliz.  El ala derecha, es el centro cultural, con una sala de conferencias con la frase de Palestina Libre tatuada en sus cuatro costados y con dos pequeñas puertas de las que emergen, espontáneamente y sin previo aviso, jóvenes con ojos ávidos de curiosidad que se precipitan en intercambiar un saludo y, tras averiguar que eres de España, la pregunta de cortesía: ¿Madrid o Barcelona?

guernica-palestina

Tomamos asiento en ésta y un hombre canoso con gafas de unos recientes 60 años se sienta entre nosotros. Fuma en portacigarros y mientras sus ojos escudriñan y su cuello asiente, su hemisferio cerebral derecho echa humo traduciendo del árabe al inglés y del inglés al árabe lo que oye y dice. Y así, sin escenarios, ni tarimas, ni presentaciones con miles de títulos, que hablan de la ancestral sabiduría de la persona que expone, empieza la charla. Como en todas a las que hemos asistido, ésta comienza con una pregunta: ¿En qué os puedo ayudar? Y ante el silencio de la audiencia, empieza a relatarnos cómo surgió el conflicto palestino-israelí.

En esta ocasión el principal protagonista de nuestra ponencia es el neo-colonialismo e imperialismo. Ya sea con el gobierno británico, en un principio, o con el estadounidense, hoy en día, en esta tierra de paso siempre han confluido fuertes intereses político-económicos que han acabado anteponiéndose a los derechos humanos de las personas que la habitaban. Y es que aunque se les señale con un foco, la distancia respecto al conflicto acaba borrando la sombra de su responsabilidad. El resto del mundo con cada nuevo muerto por el conflicto, nos deformamos cada vez más, siendo ya difícil reconocernos en un espejo.

Y al finalizar la charla y su cigarro, el hombre concluye, a pesar de todo lo que nos cuenta y desde lo más profundo, que la Paz llegará a Palestina y que ésta volverá a ser como antes. No es que reclame la tierra de la actual Israel para Palestina, es consciente de que la tierra no le pertenece a nadie, ni haya ninguna potestad que te otorgue el derecho a admitir o excluir gente de sus fronteras. Lo que anhela es, al igual que las X personas en campamentos de refugiados, de las que viven en Cisjordania y de las que emigraron a otros países poder viajar de una ciudad a otra sin miedo de pasarte horas en un checkpoint, de poder lavar sus heridas con el agua del mediterráneo, y de poder hundir sus huesos para siempre en una tierra que no hace mucho, les vio nacer.

Y aunque cada vez vivan en un espacio cada vez más reducido, aunque con cada año que pasa su situación humanitaria sea cada vez peor, aunque los medios de comunicación mundiales parece que se olviden de ellos cuando no hay masacres con miles de muertos; la esperanza de volver a enterrar sus pies en su tierra es sincera y firme, se refleja en sus ojos y en la forma que dicen: volveremos. Y siento que no compartir esta certeza sería una traición que no podría perdonarme.

Tras terminar la charla llega el turno de preguntas. Como otras veces, no dejamos que el silencio incomodo se acomode entre nosotros, sino que lanzamos nuestras preguntas y esperamos que el interlocutor las responda entre cigarro y cigarro. Y abriéndose paso a través del cuerpo de una muchacha con la que no habíamos intercambiado más de dos palabras tras una semana de convivencia, surge la inquisidora pregunta: “todo el rato usted ha estado hablando de habitar en los territorios palestinos de 1948 y 1967 pero, ¿de verdad no piensa en regresar a la Palestina anterior a la creación del Estado israelí?” Lo que más me llamo la atención de esto, no fue ni la pregunta ni la respuesta, sino que quedó otra vez sobre relieve la dualidad constante que fragua el día a día de los palestinos con los que convivimos.  Ya sea a modo de un momento acechante o de un ardor continuo.

M

They teach life

La periodista, poetisa y activista por los derechos humanos Rafeef Ziadah ya lo describió mientras se desarrollaba la conocida “Operación Plomo Fundido” durante los años 2008-2009: “we teach life” (“nosotros enseñamos vida”). Los palestinos, enseñan vida “después de que ellos (los sionistas) hayan ocupado el último cielo, después de que hayan construido sus asentamientos y sus muros del Aperheid” y “se levantan cada mañana para enseñar vida”.

Enseñan vida a sus hijos, a pesar de que estén condenados a crecer en mitad de hacinados campos de refugiados porque sus antecesores sufrieron la “Al-Nakba”. Enseñan vida a sus hijos, aunque a muchos de sus compañeros, padres o hermanos, nadie podrá devolvérsela, porque los israelíes se la arrebataron en un bombardeo, en una manifestación o mientras eran torturados en la cárcel.

Nosotros también queremos enseñar vida. Enseñar al resto del mundo lo que es vivir en Palestina. Tratar de dar voz de lo que muchos llaman conflicto, aunque yo lo llamaría un genocidio silenciado y autorizado por la comunidad internacional, además de enmudecido e invisibilizado por los medios de comunicación.

Por ello, desde el proyecto PalSpain, no sólo trabajamos dedicándonos unas semanas del año a desarrollar campamentos infantiles a niños refugiados o integrándonos en los servicios sanitarios palestinos. Si no que creemos imprescindible, la concienciación social sobre la situación de los derechos humanos en Palestina y sobre el conflicto palestino-israelí, también desde España.

Este blog se trata una herramienta para tal fin. No dejes de leernos.

¡Palestina Libre!

*Operación Plomo Fundido:  fue una ofensiva militar desde el aire, tierra y mar, sobre la Franja de Gaza por parte de la Fuerza de Defensa Israelíes, provocando la muerte a más de 1400 palestinos. Se inició el 27 de diciembre de 2008 hasta el 18 de enero de 2009. Las Fuerzas de Defensa de Israel fueron acusadas de haber cometido crímenes de guerra durante por  Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

*Al-Nakba: significa en árabe “catástrofe” o “desastre”. Término utilizado para designar al éxodo palestino de 1948.  Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) son refugiados palestinos las “personas cuyo lugar de residencia habitual era el Mandato Británico de Palestina entre junio de 1946 y mayo de 1948 y que perdieron sus casas y medios de vida como consecuencia de la Guerra árabe-israelí de 1948”.

Una guerra, mil trincheras.

“Shabab, shabab”- les dice Noemí a lxs chavalxs para avisarlxs de que los soldados israelíes se están acercando. Ellxs la miran desconfiadxs por un minuto, saben que es israelí, pero también que está de su lado, que todos los viernes a las 12 de la mañana viene a su pueblo, llamado Nabi Saleh, para unirse a ellxs después de la oración y marchar juntxs contra la ocupación. Ese mismo viernes, las IOF (Israel Occupation Forces) detuvieron a dos de sus compañerxs, también de origen israelí, en la manifestación.
El director del Lajee Center en el campo de refugiados de Aida (Belén) nos comentaba que uno de los pilares del centro es la no cooperación con organizaciones israelíes. Sin embargo, Noemí y sus compañerxs son capaces de rechazar sus privilegios, enfrentarse al ejército de su propio pais y sufrir un arresto para luchar por la causa palestina, junto a lxs palestinxs.
Immanuel se ha acercado a nosotras en la playa de Yaffo. Entre calada y calada, nos dice que está a favor de la independencia de Palestina, pero que son ellxs, “lxs árabes”, lxs que no quieren.
Mierda de mundo. Mierda de mundo en el que la educación y los medios de comunicación están controlados por una ultraderecha sionista que siembra en la sociedad israelí rechazo e indiferencia. Mierda que Immanuel no se atreva a ir con Noemí al otro lado, para ver las atrocidades que comete el ejército en nombre del Estado de Israel. Mierda que por ciertas ideas cerradas le impidiesen conocer a la maravillosa gente del campo de refugiados de Aida, haciéndole entender así que no se trata de que son ellxs, “lxs árabes”, lxs que no quieren paz. Es mucho mas complejo.
Mientras tanto, un grupo de turistas ajenxs a todo recorren la vía dolorosa de Jerusalén. Acaban de comprar una cruz de madera de olivo a uno de los tenderxs palestinxs que malviven asfixiadxs entre las murallas de la ocupada ciudad vieja. Pero eso no les preocupa, prefieren no meterse en política. Y es que ese es el problema: no meterse en politica. Esta guerra es economica, religiosa y de raza, pero tambien politica, y no hay nada peor que sentir indiferencia.
Aquí nada es blanco o negro, y no se trata de valorar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Todo está lleno de matices, de colores, de perspectivas. Más de 60 años de conflicto han hecho que la situación se complejice, se corrompa, se perpetúe y se normalice, y es necesario tratar de no dejarse llevar por todo ello. 
Se pone el sol en Yafo, el barrio árabe de Tel Aviv, y desde la mezquita llaman a la oración. Immanuel suelta el humo de otra calada mientras dice “Fucking muslemim”. Y así atardece en esta olvidada parte del mundo, sin que se aviste solución ni remedio para este polarizado y desigual conflicto, repleto de prejuicios y extremismos, que dura ya demasiado tiempo, y que ha matado ya a demasiada gente.
Si algo hemos aprendido durante el proyecto es que la objetividad, la observación y el análisis son imprescindibles para que sea posible posicionarse con coherencia, dejando los prejuicios de lado y escuchando las voces de tanta gente cuyas historias revelan la única realidad válida de este conflicto. Y hay muchas historias, con muchos matices, de muchos colores y contadas desde muchas perspectivas: las de lxs refugiadxs, las de lxs políticxs o las de lxs voluntarixs, las de la gente que, de un lado o de otro, intenta cambiar en la medida de lo posible, algo pequeño, algo cercano. Esta gente, sea de donde sea, y haya nacido donde haya nacido, cree en la causa palestina y trabaja en su beneficio. Y eso es lo único que nos puede salvar de los extremismos de este conflicto: dejar de lado la indiferencia y trabajar para que aún quede esperanza.
Por una Palestina libre.
María López Toribio y Ema Zelikovicth.

Las paredes hablan.

Mientras que nuestra voz, como una llama de una vela, se mantiene viva hasta que la mecha se consume o hasta que alguien o algo tira agua sobre ella, a veces nuestras obras dejan marcas indelebles, para bien y para mal, allá por  donde pasamos.

En la entrada del campo de refugiadxs de Dehsheh se encuentran enfrentadas tanto física como conceptualmente dos posturas acerca de los refugiadxs, inmortalizadas en sendos anuncios. En una pancarta sujeta a la puerta abierta del campo se puede leer ”Filling the UNRWA funding gap is a temporary solution. It treats the symtomps, not the root cause”. Cara a cara, separada por unos metros y pegada a una pared se puede ver un cartel de la UNRWA en el que se agradece a Arabia Saudi la donación para poder construir trece refugios en el campo. El debate no es fácil, pero las paredes hablan por si solas, la contradicción está servida: un pais como Arabia Saudi, cuyas relaciones con EEUU, oposición a Irán compartida con Israel y violaciones a los derechos humanos son de sobra conocidas, apoyando a lxs refugiadxs que tanto han visto sus derechos violados por Israel. Además, sea el que fuere el donante, la UNRWA mantiene una situacion provisional (la de lxs refugiadxs) de manera permanente al no implementarse ni las resoluciones de la ONU ni el derecho internacional. La UNRWA actúa asi como un paraestado que ayuda en materias esenciales sin crear un tejido social y economico que pueda emanciparse, y aunque aquello que cubre es necesario, los fondos de que ésta dispone son de todo punto contingentes, pues dependen del libre albedrío de cada país. Asi se crea, en vez de una cuerda de sujeción, una tela de araña en la que quedarse atrapadx.

Por si a alguien se le ocurriera olvidarse, unos pocos metros más adelante, sobre la pared del centro cultural, figura la resolucion 194 de la ONU, en la que se reconoce el derecho al retorno o a la compensación por las propiedades ocupadas a los refugiadxs.A ambos lados,sobre un solemne fondo negro, los nombres en blanco de los pueblos de origen de lxs refugiadxs guardan dicha promesa, atestiguando los crímenes que se cometieron, el pasado de la injusticia presente.

Al adentrarnos un poco más por las estrechas calles, llegamos a un cruce en el que reconocemos sobre una pared unas palabras escritas en hebreo. La sorpresa da paso a la intriga, y esta a su vez a la ironía y a la paradoja. Aquellas mismas calles angostas, resultado de la masificacion del campo de refugiadxs, dotado de una superficie fija pero de una población en crecimiento, suponían una traba para la orientación de lxs soldadxs israelíes. Por eso, como el que hace anotaciones en un mapa, la IOF marcaba las calles para poder orientarse durante sus incursiones en el campo durante la primera intifada. No bastaba con acorralar entre los muros de 8m del campo, tampoco con cerrar la entrada a él durante el toque de queda, también habia que perseguir y detener dentro de él, mancillando la seguridad y la poca intimidad que las hacinadas casas permitían.

No todo eran, no obstante, signos de opresión. A través de sus caricaturas en blanco y negro, el dibujante palestino Naji al-Ali, se solidarizaba con sus hermanxs refugiadxs en concreto y con lxs palestinxs en general. Criticaba la ocupacion israelí, que somete al pueblo palestino económica, politica y socialmente; así como a las clases dominantes, a las élites mandatarias tanto palestinas como árabes de paises vecinos que se aprovechaban de la coyuntura para mantener su posicion acomodada y privilegiada. En uno de los dibujos contrasta el espíritu del refugiadx, pobre y sin calzado, pero generoso y defensor del ”nosotrxs”, con el de lxs politicxs y dirigentes, que ricxs y bien vestidxs, solo creen en el ”yo” y en sus propios intereses.
En otra viñeta en una pared cercana, un titular de periódico informa de las guerras por el petróleo,mientras que su lector defiende en alto un dicho árabe. Según éste, la sangre de hermanos vale más que el agua. Su mujer, menos crédula, le recrimina que la sangre entre hermanxs vale tanto como una mierda, dado que por controlar el oro negro se estaba matando medio Oriente medio.
Su fusil era su lápiz y sus balas sus miles de caricaturas y viñetas, muchas de las cuales no publicó. Una bala apagó su llama un 22 de agosto de 1987 cuando trabajaba en el exilio en Londres, pero su humo perdura hasta nuestrxs días, un humo capaz de sacarnos de la placidez del aire fresco y de asfixiar al opresor que reprime a su pueblo. Las balas atraviesan la carne y el ladrillo, agujerean el cemento, pero con que tan solo una persona que conozca sus dibujos se mantenga con vida o uno de sus muros decorados en pie, las balas habrán fracasado en su propósito, Naji al-Ali y su lucha sobrevivirán 28 años o los que haga falta.

Anatolio Alonso. Palspain 2015.

Hasta la próxima Lajee

 

Han finalizado dos intensas semanas de campamento con lxs niñxs del Lajee Center. Durante estas dos semanas hemos tenido la oportunidad de conocer a la gente del campamento de refugiadxs de Aida, hablar con ella, jugar con ella y, sobre todo, aprender de ella.
No podemos estar mas agradecidxs por el trato, por la agradable acogida, por la paciencia, por las charlas y por todas las historias que nos han contado. Ha sido un placer compartir tiempo con todas esas personas que, día a día, trabajan duro para conseguir alegrar algo las vidas de tantxs niñxs que desde muy temprana edad ya sufren en primera persona las consecuencias de una ocupacion injusta y cruel.

Nos llevamos las sonrisas de todxs lxs niñxs y monitorxs del Lajee Center, la de toda la gente de Aida Camp. Nos llevamos todas y cada una de las historias que nos han contado, sus bailes y su música. Nos llevamos sus experiencias y los consejos que nos han dado, sus particulares realidades, el conocimiento general de una situación injusta y el compromiso con la causa palestina.

Son personas con hijxs, padres y madres, son personas con estudios y trabajo, son personas que quieren vivir con la tranquilidad y los
derechos que a todas les deberían pertenecer, con la dignidad de un pueblo que no hace otra cosa que luchar por sobrevivir a una masacre.

Nos llevamos toda la información absorbida durante esta experiencia para contar en nuestras ciudades lo que sucede, como viven, lo que hemos visto, lo que hemos escuchado y lo que hemos conocido.
Si hay alguna posiblidad de cambio acerca de lo que la gente piensa acerca del conflicto, esa posibilidad existe entre nuestrxs amigxs, entre nuestrxs familiarx, en nuestro entorno. No queremos cambiar el modo de pensar de la gente, solo concienciarla y hacerla sabedora de una realidad a la que pocas personas pueden acceder,y de la que nosotrxs hemos podido disfrutar.

Por todo ello, gracias al Lajee Center y a todxs lxs que han hecho posibles estos 15 días, conocer a esxs cientxs de personas, absorber lo máximo en este tiempo con ellas y dar lo mejor de cada unx de nosotrxs.

Palestina libre

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Campamento Balata – PalSpain 2014

Fotografías de José Luis Cuesta

Campamento Askar – PalSpain 2014

Fotografías de José Luis Cuesta

Creciendo en el Lajee Center

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El Lajee Center está formado por muchas personas, y cada persona tiene una historia, un recorrido y unas experiencias distintas muy valiosas, y muy valientes.

Desde que son pequeñxs, lxs niñxs de los campamentos de refugiadxs, como puede ser el de Aida, viven bajo la amenaza física de lxs militares que están al servicio del Estado de Israel. Estxs militares protagonizan habitualmente escenas de violencia, lanzando gases lacrimógenos o apuntando con sus fusiles a lxs niñxs que, lanzando piedras, tratan de defender la puerta por la que se accede al campamento de Aida, a su propia casa.

Esxs niñxs son lxs que después serán torturadxs, encarceladxs e incluso asesinadxs por mostrar resistencia y luchar por mantener en pie el hogar de todas sus familias. Es difícil concebir que un pueblo entero, amenazado y atacado constantemente por el servicio militar israelí, no reaccione con los medios de los que dispone –que son siempre inferiores- a las barbaridades de una gente que cree que lxs palestinxs no tienen derecho a vivir.

El hecho de que un pueblo que, en el verano del 2014 tuvo más de 2000 muertxs y 110000 desplazadas internxs, luche en desigualdad de condiciones contra otro cuyos medios y capacidades son infinitamente mayores, hace poner en cuestión el principal aspecto de este conflicto: ¿es una guerra o una masacre?

Es una masacre de clase, de raza, de religión, de cultura y de costumbres. Es una masacre que convierte a lxs niñxs palestinxs en futurxs defensorxs de sus tierras, jugándose la vida por tratar de salvar la de su gente. El Estado israelí acaba con todo aquello que el pueblo palestino crea y construye, y lo condena a vivir en unas condiciones infrahumanas, ya sea dentro de los muros como fuera de ellos.

Para que lxs palestinxs puedan cruzar sus fronteras impuestas, ya sea para trabajar o para poder hacer uso del servicio sanitario, tienen que pagar, como mínimo 12000 shekels (más de 2500 euros) al año. Este es un ejemplo claro de que el pueblo palestino sufre opresión de diversas maneras, ya sea por la vía económica, física, política o cultural.

Es difícil hacerse a la idea de que lxs niñxs con lxs que compartimos esta experiencia puedan ser víctimas en un futuro no muy lejano de cualquiera de las formas de violencias con las que el Estado de Israel oprime al pueblo palestino. Y precisamente por ello tratamos de hacer que ahora, sus días, sean más alegres.